Revista Dominio de las Ciencias

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Importancia de los juegos pedagógicos como estrategia educativa en la labor docente

Rosa María Córdova Romero

Resumen


Los juegos usados como parte pedagógica, en el aprendizaje de los contenidos curriculares, son imprescindibles, permiten un mejor desarrollo de la psicomotricidad en los niños, los preparan para la escritura.


Es el docente quien con su iniciativa inventa juegos que se ajustan a los intereses, necesidades, expectativas, edad y al ritmo de aprendizaje. En la primera etapa se recomiendan los juegos simples, donde la motricidad este por delante y en la segunda deben incluirse las competencias, los deportes. El juego es una necesidad vital, contribuye al equilibrio humano, es a la vez actividad, aventura y experiencia: medio de comunicación y de liberación bajo una forma permitida; siendo el docente el facilitador de las estrategias que requieren los estudiantes. El presente artículo pretende servir de reflexión sobre la importancia de los juegos pedagógicos como estrategia educativa para la enseñanza y su aplicación en la labor docente, los artículos revisados reflejan que el juego es un factor constituyente como herramienta necesaria e imprescindible en la labor educativa, reflejan que el juego es una herramienta que facilita el aprendizaje y es muy importante para la vida del niño ayudándole a la creatividad, pensamiento crítico y las nociones básicas para la resolución de problemas.


Palabras clave


Estrategias; Educativas; Juego pedagógico; Docente; Estudiante.

Referencias


Hoy en día, a la niñez se les dificulta la posibilidad de jugar debido al espacio en que viven, con dimensiones pequeñas y sin acceso al aire libre; esto ocasiona que pasan su tiempo usando celulares y otros dispositivos electrónicos. El cambio en la forma de vivir por el aislamiento ha ocasionado el incremento de la desvalorización del juego. Los niños y las niñas se han convertido, en su mayoría, en sedentarios, ya no muestran interés por jugar. Por ello, es importante rescatar el juego, quien ofrece una serie de posibilidades inagotables (Zárate & Torres, 2018).

“Es fundamental el juego para lograr el desarrollo integral en niños y niñas. Mediante los juegos tradicionales los niños crean, imaginan, comprenden, aprenden la convivencia, adoptan valores, y participan en la sociedad” (Gilari & Nina, 2019, p. 26). Dentro de las múltiples actividades del niño y en su desarrollo socio-afectivo, el juego ocupa un lugar primordial.

Durante la infancia, el juego contribuye al desarrollo de diversas habilidades corporales (fuerza, velocidad, resistencia, reflejos), biológicas (desarrolla los sentidos, coordinación), emocionales (autoconfianza, resolución de conflictos, regulación emocional), cognitivas (memoria, agilidad mental, pensamiento creativo, atención), verbales (pensamiento lógico, vocabulario fluido) y sociales (empatía, trabajo en equipo, respeto).

Los juegos sirven de estrategia al enseñar, por lo que son de gran utilidad en el campo educativo, tal es así que, el principal objetivo del juego es aumentar e incentivar en los estudiantes una enseñanza y aprendizaje creativo (Andrade, 2020, p. 1).

En el campo educativo, el juego como técnica que participa de la enseñanza orienta a los estudiantes a desarrollar un comportamiento acertado, estimulando la disciplina bajo un nivel adecuado de autodeterminación y decisión; quiere decir, favorece el adquirir conocimientos y desarrollo de habilidades, a su vez propicia la estimulación por las materias; quiere decir que forma parte del trabajo docente, brindando una serie de pautas para entrenar a los alumnos a la toma de decisiones correctas para buscar soluciones a sus diversos problemas. Considerado también como una actividad alegre, capaz de desarrollar en forma integral la personalidad de una persona y su capacidad creadora de manera individual.

El juego al ser una actividad pedagógica se convierte en didáctico y posee los elementos de comunicación, pensamiento, valorativos y funcionales, de forma lúdica (Game, 2015).

Aparasen en el siglo XX diversas teorías referentes al juego, las cuales nos ayudan a comprender mejor, entre ellas sobresalen: primero la teoría de Édouard Claparède denominada derivación por ficción de 1932, segundo la teoría estructuralista de Jean Piaget en 1945, tercero la teoría sociocultural del juego sustentada por Vygotsky en 1933 y luego su seguidor Elkonin en 1980, cuarto la teoría del juego como instrumento de afirmación del yo de Chateau en 1958 y, quinto la teoría de la enculturación sustentada por Sutton-Smith y Roberts de los años 1964 y 1981 respectivamente (Gallardo & Gallardo, 2018).

El juego, usado como método de aprendizaje, permite a los estudiantes solucionar problemas internos y afrontar sucesos posteriores, con firmeza, siempre que el mediador haya recorrido ese camino acompañándolo, ya que las enseñanzas aprendidas por métodos tradicionales, obsoletos y sin conocimiento de las herramientas tecnológicas y didácticas, tiende a caducar. Por dicha razón, los educadores deberían empoderarse de estos conocimientos para

hacer uso del juego como parte de sus estrategias de enseñanza, que en la actualidad es poco empleado.

Frente a la problemática educativa mencionada se planteó el objetivo: Conocer sobre la importancia del juego como estrategia pedagógica en la labor docente, con la finalidad de conocer y reflexionar sobre el valor de los juegos pedagógicos y la importancia que le deben dar los docentes para emplearlo en su trabajo diario como parte de una estrategia educativa, entendiendo que los juegos son esenciales para desarrollar la parte física, intelectual, afectiva, emocional, social, y moral en las diferentes edades de los educandos. Sustentado en información relevante que ayudará en la comprensión del artículo de revisión bibliográfica.

Marco teórico

Definición del juego

Albarracín, Herrero y Martínez, (2017, citado en Verdooren et al., 2018) sostienen que juego viene a ser un vocablo complicado de definir, su origen proviene del latín “ludus, ludere”, se asocia con recreo, diversión. Sus características resaltantes: entretenido, voluntario, libre, agradable, espontáneo, satisfactorio, fluctuante, consciente, aventurero, estético, oscilatorio, creativo, necesario, simbólico y reglado.

Por su parte, Viciana y Conde (2002, p. 83) describen al juego como: “recurso de primer orden para expresarse y comunicarse, que sirve para el desarrollo de la motricidad, conocimientos, afectos, sexualidad, y socialización”. Opinan que la clave para desarrollar las capacidades cognitivas, motrices, afectivas, sociales, relacionales de los niños y niñas es el juego.

Opina PIAGET que los juegos vienen a ser una actividad con un fin en sí mismo y el niño lo hace sin la intención de lograr metas. Se dice que es espontáneo, lo contrario al trabajo; sin una adecuación a lo real, por tanto, se realiza únicamente por placer y no por beneficio. Facilita liberar conflictos al resolverlos o ignorarlos. Afirma FREUD que los juegos son acciones típicas infantiles, en la que el niño logra afrontar diversas situaciones traumáticas ocurridas en su vida, realizando en forma activa lo que ha vivido en forma pasiva. A su vez hace posible realizar deseos que no están permitidos por los adultos. Sostiene VIGOTSKY que los juegos son un acto social donde los niños, a través de la interrelación con sus compañeros, logra integrarse culturalmente. Asimila las conductas básicas presentes en una sociedad cultural al imitar y repetir las acciones ejecutadas por los adultos (Andrade, 2020, p. 5).

El juego hace posible en los niños el autoconocimiento y la autoexpresión, explorando y experimentando con movimientos y sensaciones llegando a conocerse interiormente y a formar ideas referentes al mundo que los rodea (Gallardo & Gallardo, 2018).

Origen del juego

Los autores en su mayoría relacionan los orígenes del juego con la evolución que tuvo el hombre a partir del juego animal hacia un ser superior integrado por elementos prácticos y por dogmas mostrados ritualmente en las actividades trascendentales para el grupo, que al final crece y es un integrante de la civilización, a lo que se llamó juegos tradicionales. Por lo que ha existido el juego a partir de épocas antiguas, evolucionando gradualmente y que algunos de los juegos costumbristas se han perdido al paso el tiempo; siendo conveniente ahora rescatar algunos, que sirvan para la formar integralmente a los niños (Andrade, 2020).

Ventajas del juego en el aprendizaje

Kawin, refiere “el juego es una de las fuerzas socializadoras más grandes” (Andrade, 2020, p. 11) ya que, al momento de jugar, despierta en los niños la sensibilidad por la sociedad, de manera que aprenden normas de comportamiento grupales. Así tenemos los juegos de construcción, aquí están el garabateo, juegos de modelado, y algunas formas con juegos lingüísticos como cantar, tararear, y variados juegos funcionales como jugar a esconderse. También los juegos de reglas que son más útiles para los niños maduros, pero también sirven a los pequeños de 0 a 5 años a quienes les gusta establecer sus propias reglas para ejecutarlas de manera informal.

Vygotsky, (2020, citado en Melo, 2020) manifiesta: el juego no es una simple acción biológica, espontáneo y que produce placer; sino que su valor radica en que es un elemento integral esencial para desarrollar intelectualmente a los niños, ya que hace posible el establecimiento de la zona de desarrollo próximo, quien es indispensable para desarrollar procesos cognitivos superiores, teniendo en cuenta el entorno en el cual se desarrollan los niños, como las representaciones que se generan con el juego y hecho de jugar.

Otra ventaja del uso del juego en educación es la facultad de fomentar lo conocido como “learning by doing” que significa “aprender haciendo”, porque al jugar se desarrolla competencias fundamentales en el proceso educativo y en el aspecto social, favoreciendo la intuición, observación, el análisis, y la toma de mejores decisiones, enseñando por sí mismo un conjunto de mecanismos (Gallardo, 2018).

En concordancia con los planteamientos anteriores, el juego se vuelve un instrumento fundamental para adquirir enseñanzas, permite al niño una vivencia significativa, creativa y desarrollar sus capacidades. En definitiva, la significatividad que tiene el juego en la vida de un niño facilita el trabajo educativo. Por lo tanto, el juego puede considerarse como estrategia con la finalidad de desarrollar el conocimiento matemático, ya que promueve aprendizajes de una manera agradable, divertida y sencilla para los infantes (Patiño, 2019).

Finalmente, El Ministerio de Educación (2019) sustenta: que las experiencias vividas por los niños con el juego, durante su etapa infantil, son de vital importante para formar el cerebro, órgano que se desarrollará debido a la conectividad ocurrida entre neuronas. Mientras los niños juegan, su cerebro produce naturalmente conexiones; es así que el juego produce hormonas útiles, como serotonina, la encefalina, endorfina, la acetilcolina y la dopamina, que intervienen en el aprendizaje del niño, armonizando las emociones y regulando su estado de ánimo; además, potencian su atención y capacidad de concentración.

El desarrollo del juego en teorías

J. Gallardo, (2018, p. 9,10) aborda varias teorías sobre el juego: la primera teoría del exceso energético, cuyo autor es Herbert Spencer (1855), dice: el niño tiene la necesidad de liberar y desarrollar energía principalmente a través de las actividades físicas cotidianas. La segunda teoría que habla de la relajación perteneciente a Lazarus (1833), se refiere al reposo, es reconstituyente. Una tercera teoría, se refiere a la previa de los ejercicios de Karl Groos (1898), ya que parece estar destinada para los adultos, permitiéndoles funcionar con mayor determinación. La cuarta teoría, se refiere a la recapitulación sustentada por Granville Stanley Hall (1904), indica que un juego, propaga las maneras de vivir de la raza humana más primitiva. Por ejemplo, los niños en etapa de escuela les gusta jugar a esconderse, lo que muestra como en la antigüedad las personas actuaban para escapar y/o protegerse. La quinta teoría de Sigmundo Freud (1856-1939) se refiere a que el infante se encuentra impotente al lidiar con las fuerzas biológicas y sociales sobre las que domina poco. La sexta teoría, referida a la derivación por ficción planteada por Édouard Claparède (1932) sostiene que la realidad es sustituida por la imaginación; la “derivación por ficción” se parece a una conducta ficticia, donde tanto niños como adultos se refugian en un mundo no real, virtual, imaginario, que reemplaza a lo real. Y en su séptima teoría, la dinámica infantil planteada por Frederic Buytendijk (1935), sostiene que el juego se relaciona con la dinámica del niño, y que el niño juega por ser un niño, significa que, las características propias de su dinamismo le impulsan sólo a jugar.

Según (Gallardo & Gallardo, 2018) presentamos algunas teorías resaltantes del siglo XX que tratan de la evolución del juego.

- Teoría estructuralista de Jean Piaget (1945) confirma que los cambios que afectan las estructuras intelectuales de los niños influyen directamente sobre las formas diversas que el juego asume durante la etapa del desarrollo del infante.

Diferencian cuatro categorías de juegos, Piaget e Inhelder (2007): Juego de ejercicios, que se realiza durante la etapa sensoriomotriz de (0-2 años) y habla de la necesidad de acción automática; juegos simbólicos (entre los 2 y los 7 años), se inicia aproximadamente desde los 2 años, refiriéndose al uso simbólico de los objetos: se refiere a que los objetos no se encuentran presentes en la situación, sino que son representando; juegos de reglados, se dan entre cuatro y siete años, de acuerdo al contexto en el que se desenvuelve; y juegos de construcción.

- Teoría constructivista del juego (Vigotsky, 1933 y Elkonin, 1980), el juego y el contexto sociocultural están relacionados, donde se desenvuelven los niños y sostiene que, mientras juegan, los niños van proyectándose para las actividades de los adultos, según su cultura y pronuncian sus futuras actividades y los valores.

- Teoría del juego como instrumento de afirmación del yo Chateau (1958) el niño crece con el juego, la alegría que obtiene el niño jugando es un gozo ético, considera que el juego ejerce en un niño el mismo rol que el trabajo ejerce en el adulto, el juego tiene su finalidad en sí mismo, recae en la afirmación del Yo, piensa que la seriedad es la característica primordial del juego infantil y afirma que en el juego el niño hace notar su voluntad, inteligencia, carácter dominador; que forman parte de su personalidad.

Se propone clasificar los juegos en: Juegos sin reglas: prácticos, placenteros, novedosos, de destrucción, desorden, enfado y de soledad y juegos en base a reglas: como imitación, construcción, figurativos, regla arbitraria, sociales, proeza, competencia, danzas y ceremonias.

- Teoría de la enculturación de Sutton-Smith y Roberts (1964, 1981) hay una interconexión entre los valores inculcados en una cultura determinada y la clase de juegos que son promovidos por cada cultura, para garantizar su transmisión en una sociedad concreta. Se diferencian tres clases de juegos: a) juegos de habilidad física, que se practican en grupos sociales donde recompensan el éxito y donde el miedo a fracasar origina estados de inestabilidad en los niños; b) juegos de suerte, propios de las sociedades que practican la rutina y utilizan mínimamente la iniciativa o la autonomía; c) juegos estratégicos, referidos a las sociedades que tienen en cuenta la obediencia a órdenes procedentes de los que dirigen.

Dimensiones del juego

Kadoora, (2018 citado en Caballero, 2021) considera al juego como proceso de aprendizaje y que tiene dimensiones: a) Dimensión afectiva-emocional, es la que regula y controla emociones; b) Dimensión social, el niño es sociable por naturaleza, lo que lo lleva a buscar jugar con otras personas; c) Dimensión Cultural, que es un elemento importante para que se transmita el juego; d) Dimensión creativa, aquí los niños antes, durante y después del juego crean sus propias estrategias o variantes para decidir; e) Dimensión cognitiva, sirve en el procesamiento del conocimiento que se adquirió; f) Dimensión sensorial, esencial en capturar los estímulos del ambiente g) La Dimensión motora, quien logra un aprendizaje duradero, desarrollado a través de giros, saltos, desplazamientos que le permiten interactuar. Así el docente direccionará los juegos como un recurso pedagógico activando la creatividad, empatía, relación entre compañeros, y desarrollará la competencia.

Características del juego

Para Huizinga (1972) el juego tiene como características principales la tensión, incertidumbre y competición, quiere decir, que cuando una persona juega, piensa en lograr su objetivo de ganar, en conocer a su rival, es allí donde surgen estrategias para dominar al rival y salir ganador. A pesar de la antigüedad el juego continúa en la cultura para ser usado por los maestros como medio pedagógico y resolución de retos. Por su parte, Minedu (2019) manifiesta el juego favorece la comunicación espontánea y con libertad, cada persona establece sus propias reglas o las crea y esto sucede en determinado espacio y tiempo. Expresan Peña y Guzmán (2019) que los juegos son temporales, desaparecen y retornan de acuerdo a las estaciones, el sexo y edad. Las reglas que establece son de fácil asimilación y requieren recursos mínimos. En este sentido, Daubert, Ramani, y Rubin (2018) concluyen que el juego es primordial para que los niños obtengan aprendizajes, de allí se desprende que sean más respetuosos, sociables, cooperativos y capaces (Caballero, 2021).

Concuerdan, Saleima y Saleima, (2018), Meneses, María de los Ángeles, y Alvarado (2001), que el juego produce placer, es espontáneo, expresivo, divertido, voluntario, interactivo, que propicia el movimiento, imaginación y creatividad en los niños. A su vez, propicia tranquilidad, alegría y propicia la regulación de sus emociones. A su vez, agrega Muñoz et al. (2019) el juego es una actividad presente en el transcurso de toda la vida, llamada transversal. De la misma manera, Minedu (2019) señala que el niño jugando expresa con naturalidad la postura de sus afirmaciones (Caballero, 2021, p. 8).

Opina González (2007): mediante el juego los niños expresan su mundo externo, sucesos, pensamientos y sentimientos, convirtiéndose en su lenguaje principal. Fomenta el desarrollo de los sistemas cognitivo, psicológico y emocional. Ayuda a manifestar su yo interior, deseos, miedos, ilusiones y problemas; plasma la percepción de sí mismos, la de otras personas y la del medio exterior, estimula sus sentidos, potencia la creatividad, favorece el desenvolvimiento de habilidades sociales, físicas, inteligencia razonable y sensitiva. Los maestros debemos tener presente que el uso del juego es esencial para que los estudiantes logren aprendizajes y a la vez incrementa logros importantes en el proceso de aprendizaje, desarrollando su pensamiento creativo (Andrade, 2020).

Benítez (2009) opina: el juego presenta diversas características y en educación ejerce una función primordial, pues por medio de él se adquieren funciones que el niño realiza de manera particular. Por el juego los niños y las niñas socializan con el medio exterior, debido a que desde su nacimiento es su lenguaje principal. Muestra el camino a conocer el interior de los niños /as, expresando sus sueños, sus ilusiones, miedos y conflictos de forma figurativa por medio de jugar. Acorde con lo manifestado por Benítez Murillo el juego presenta diversas características que nos ofrece y los niños son los autores principales para demostrar la importancia y beneficio del juego. Al tener una planificación según las necesidades presentes en aula, lograremos que los niños se desenvuelvan con facilidad en el mundo, consiguiendo así que sean más activos y creativos (Andrade, 2020).

El juego aplicado en el campo educativo

Palacios et al., (2021) menciona que el juego lleva consigo un valor didáctico, y está dado por el hecho de que en el mismo “se combinan aspectos como el entretenimiento, la participación, el dinamismo, la interpretación de papeles, la colectividad, iniciativa, carácter sistémico y competencia, lo que lo transforma en un componente excelente para aprender y comunicarse”. A su vez, los juegos son “recursos de estimulación intelectual y motriz, que pueden constituirse en una herramienta estratégica de fácil adquisición y bajo costo, capaz de ser usados en distintos momentos, lugares y personas” (Sailema et al., 2017, p. 8).

Los juegos tradicionales tienen un papel importantísimo en la escuela, así lo menciona Palmas et al., (2016) en su revista, donde muestra los comentarios: El pensamiento que se tiene sobre las formas de los procesos de conducción del aprendizaje en las escuelas son muy variados como sus recursos; por esta razón, los conceptos de docentes y estudiantes han sido impregnados por afirmaciones sociales como la poca valoración del juego y el jugar en todas las fases de aprendizaje y campos del conocimiento, concibiendo esta actividad como un gasto de energía sin sentido, como pérdida de tiempo o en los casos escolares, una actividad exclusiva o complementaria a veces.

Los juegos tradicionales se abren a la realidad como una ventana, con grandes posibilidades de recrear las experiencias, los deseos, las ciudades y lugares que siempre albergan la esperanza, las voces y risas que emanan de los rincones fantasiosos. Es la escuela el lugar donde se inculcan los valores culturales de dichos juegos, convirtiéndose en un camino para su conservación y la comprensión de las dinámicas que enlazan lo actual con lo sucedido en el pasado (Pérez, 2018).

Respecto a los procesos biológicos, se deben tener presente los procesos cerebrales en la acción de jugar. Éstos van más allá de un impulso o un sentimiento, de un condicionamiento o una filiación. Cuando una persona juega, su cerebro produce una serie de sustancias entre ellas la dopamina, que actúa en el sistema nervioso y con la cual fortalecemos la memoria corporal y muscular. Además, al desarrollarse el juego se produce serotonina, que es reguladora de la ansiedad y el estado de ánimo, y la acetilcolina, que genera un estado de atención, aprendizaje y memoria. Durante juego también se producen una serie de neurotransmisores como las encefalinas y las endorfinas, que se encargan de generar tranquilidad, bienestar y felicidad, estados propicios para desarrollar un ser creador e innovador (Melo, 2020).

Mediante el juego, los niños se forman en valores, aprenden roles, normas, actitudes, conductas, hacen suyos los conceptos y desarrollan sus potencialidades, investigan el mundo exterior, lo interpretan y se integran en él, conocen su cultura, interactúan en sociedad, evolucionan su pensamiento e inteligencia, se involucran en el mundo adulto y se entretienen. Por lo tanto, afirmamos que el juego, beneficia en forma positiva y significativa al desarrollo íntegro de los niños en su etapa de infante (Gallardo & Gallardo, 2018).

Las actividades lúdicas impulsan la perfección de las capacidades, despiertan el sentido del humor y motivan las relaciones con las personas que lo rodean y la atención del niño para lograr su aprendizaje (Puma et al., 2020).

Con el juego ampliamos las habilidades y potencialidades de los estudiantes como creatividad, conocimiento de reglas, la agilidad mental, integración y comunicación, la expresión individual y la participación en sociedad (Calderón et al., 2019).

El juego en el aprendizaje de las diferentes áreas

Manifiestan, Franco y Sánchez (2019): el juego constituye una estrategia esencial para lograr aprendizajes, esto quiere decir que como docentes debemos promoverlo e incentivarlo, usarlo en el aula como metodología infaltable. Rodriguez (2017), el docente debe utilizar el juego en el aprendizaje de operaciones básicas de las matemáticas, brindando al estudiante instrumentos necesarios para optimizar los procesos de reflexión, análisis, comprensión, para solucionar problemas con altos niveles de abstracción y de gran demanda cognitiva, mostradas en tareas escolares. Siendo así, los docentes necesitan involucrar en su quehacer pedagógico al juego, generando situaciones favorables para ayudarle a solucionar problemáticas presentes en su vida diaria. López (2018) los docentes deben emplear el juego como recurso educativo esencial para la adquisición de aprendizajes en los estudiantes y así puedan explotar su capacidad pedagógica. En este sentido, Rodríguez (2016) expresa que es necesario poner en práctica el juego para lograr aprendizajes superiores, de esta forma el estudiante ve el aprendizaje más placentero y los docentes, por su parte deben innovar estrategias para aplicarlas en el desarrollo del aprendizaje, beneficiando a los alumnos. Si los docentes usan el juego en su trabajo matemático, los estudiantes obtienen óptimos resultados, referidos a situaciones problemáticas. De igual manera resalta lo importante que es el rescate de los juegos tradicionales, porque tienen un fin primordial en la vida de los niños, convirtiéndose en un medio eficiente capaz de lograr aprendizajes en la competencia matemática (Caballero, 2021).

“El juego utilizado como medio educativo para incrementar la comprensión numérica de las cuatro operaciones básicas” (p.3) hace posible el desarrollo de diferentes habilidades de cálculo y la familiarización y reafirmación del conocimiento de la adición, sustracción, producto y cociente, como operaciones básicas; por medio de la práctica, la sorpresa y el entretenimiento, de la misma manera sirve como una alternativa para evaluar de las operaciones por su eficacia, en los estudiantes de quinto (Aristizabal et al., 2016).

El uso del juego como instrumento para promover aprendizajes, se ha estudiado profundamente, de manera general en el campo educativo y de manera particular en la matemática. Este enfoque se usa con frecuencia en la etapa infantil y en el nivel primario, siendo su uso de poca extensión en la educación secundaria y universitaria (Franco & Sánchez, 2019).

Por lo tanto, no se trata de jugar en el tiempo de la asignatura de Matemáticas, sino de trabajarla por medio del juego (Alsina, 2004). Tampoco se plantearía solamente para aquellos que han trabajado bien o terminaron la tarea, sino que sería una actividad pensada y planificada para todos los estudiantes, con el objetivo de que todos se beneficien de ella (Montero & Diaz, 2021).

Varela, (1998) cuando se realiza las sesiones de Educación Física, resalta la posibilidad de desarrollar la capacidad investigativa de toda persona, a través del descubrimiento de un patrimonio lúdico. Los estudiantes experimentan un interés especial por el juego tradicional con la práctica y eso debe tener en cuenta la Educación Física para planificar las competencias y capacidades propuestas en el currículo nacional. También, se integra en la cultura, permitiendo que el alumnado se relacione con otros individuos y estudiantes de diferentes condiciones, edades y sexo. Sin olvidar, aprovechar el tiempo libre ya que eleva el autoestima de los participantes, junto con los valores sociales e integrales que se presentan en el transcurso de estos juegos (Palmas et al., 2016).

Bernate, (2021) Está claro que los procesos lógico-matemáticos tienen incidencia tanto el juego como la psicomotricidad. Se relacionan, las estructuras lógico-matemáticas (asociadas al razonamiento deductivo: desarrollan las capacidades lógicas previas a la comprensión del número) con los esquemas sensorio-motores y unidos a las acciones de clasificación y seriación como apilar objetos parecidos para hacer torres y murallas.

Silva Olivo De López (2021) En consecuencia, el desarrollo de la profesión docente requiere del empleo de estrategias y procedimientos para ciertos aprendizajes. Es así que el Marco del buen desempeño docente (2012) se constituye en una vital herramienta, para el desarrollo de la docencia y para evaluar su ejercicio de modo impecable y riguroso. De esta manera podemos demostrar el buen desempeño y la enseñanza con buenas prácticas, además de promover el permanente desarrollo profesional docente (Minedu, 2012).

Podemos asegurar que el juego es un vehículo fundamental que los niños poseen para captar conceptos nuevos, aprender, desarrollar competencias y experiencias significativas. Por lo que, el juego se constituye en un instrumento esencial en el campo educativo (Gallardo & Gallardo, 2018).

Conclusiones

• Los estudiantes al jugar, su cerebro produce una serie de sustancias químicas y hormonas que actúan en el sistema nervioso, fortaleciendo la atención, memoria, ánimo, lo corporal y muscular; permitiendo generar un estado de tranquilidad, bienestar y felicidad, siendo condiciones fundamentales para el aprendizaje de los estudiantes.

• Es importante el juego en los niños porque les permite desarrollar sus habilidades y destrezas motoras, sensitivas, cognitivas, afectivas, sociales, emocionales, comunicativas y lingüísticas, también es imprescindible en su evolución biológica, física y psíquica. Además, tiene un valor educativo importante, porque facilita el aprendizaje.

• Los maestros deben utilizar el juego como un recurso pedagógico indispensable para lograr que los estudiantes adquieran aprendizajes de orden superior, renovando y aplicando múltiples estrategias durante el proceso enseñanza aprendizaje.

Referencias

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